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EL HOLOCAUSTO A DEBATE

RESPUESTA A CESAR VIDAL

Enrique Aynat

Valencia, Agosto 1995

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9 EL DIARIO DE ANA FRANK

 

Vidal dedica un capítulo entero al famoso diario de la niña judía holandesa Ana Frank. El diario fue supuestamente escrito por Ana en un escondite, el "anexo secreto", donde se había refugiado su familia y otra familia amiga huyendo de los ocupantes nazis. Si bien las vivencias relatadas en el diario, de ser ciertas, constituyen un aspecto colateral del Holocausto, también es verdad que la obra ha tenido un extraordinario impacto mundial. Hay que dar la razón a Vidal cuando afirma que la "sensación de cercanía y humanidad emanada de la obra ha contribuido poderosamente a comprender el horror del Holocausto". (1) Por eso no escatimaré espacio, dentro de unos límites razonables, al tratamiento de este fenómeno literario.

El origen del diario, en palabras de Vidal, fue el siguiente:

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Si uno observa la cantidad de manipulaciones de que fue objeto el diario de Ana Frank, según reconoce el propio Vidal, ¿no es lógico adoptar a priori una actitud de extremada desconfianza respecto a la autenticidad del texto? ¿Qué otro documento histórico o literario, sometido a las mismas interpolaciones, correcciones y supresiones, habría podido superar una crítica rigurosa? Si una sana crítica exige "empezar dudando", en el caso del diario de Ana Frank existen a priori argumentos más que suficientes para mantener el carácter apócrifo del documento. Y si uno sigue adelante en el análisis del texto del diario en sí, las primeras sospechas sobre su falsedad se refuerzan hasta convertirse en certezas.

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9.1 Examen del texto del diario

He utilizado para mi análisis la versión española contenida en Diario. Ana Frank. (3)

9.1.1 ¿Escrito por una niña de 13-14 años?

Lo primero que sorprende al lector es la precocidad y el virtuosismo literarios de que hace gala la niña Ana Frank, que contaba apenas 13 años cuando empezó a redactar el diario (Ana nació el 12 de junio de 1929 y la primera entrada es del 14 de junio de 1942). El vocabulario, la sintaxis y la soltura con que maneja conceptos abstractos parecen del todo impropios de una colegiala de su edad. Veamos algunos ejemplos:

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9.1.2 Ruidos

Ana Frank, su familia y una familia amiga corrieron a esconderse a un edificio de Amsterdam donde se hallaban las oficinas del padre de Ana, Otto Frank. El escondite debía mantenerse secreto y los refugiados en él debían guardar unas escrupulosas normas de vida clandestina. La primera de todas ellas era la observancia de un riguroso silencio, silencio que exigía la situación física del escondite. Las oficinas del padre de Ana tenían anejo un almacén donde se seguía trabajando. Según Ana, los trabajadores del almacén "no habían sido puestos al corriente de nuestro secreto". (9) Los edificios contiguos estaban habitados. El "edificio de la derecha está ocupado por una gran casa de mayoristas y el de la izquierda por un fabricante de muebles". (10) La necesidad de silencio era acuciante, ya que "las

[125] paredes no eran muy gruesas". (11) Durante la jornada laboral, la observancia del silencio debía ser estricta: "Durante el día hemos de tener cuidado de no ser oídos desde el despacho, sobre todo si hay algún forastero, como la mujer de la limpieza; en estos casos todas las precauciones son pocas". (12) Ana señala que durante el día "tenemos que andar de puntillas y hablar quedamente, a fin de que no nos oigan desde el almacén". (13) Durante la noche las rígidas reglas sobre el silencio no se relajaban: "Cuando termina la jornada de trabajo no queda nadie en estos locales, pero no se sabe nunca y tenemos miedo de que nos oigan. Margot [hermana de Ana] ha cogido un resfriado y le hemos prohibido que tosa por la noche. Para ayudarla, la hemos atiborrado de codeína". (14) Lo mismo ocurre en los días festivos, ya que, dice Ana, "tendremos que andar con sumo cuidado para no hacer ruido, con objeto de evitar que nos oigan los vecinos". (15)

Pero a lo largo del diario Ana involuntariamente revela cuán poco caso hacían los refugiados en el "anexo secreto" de estas prudentes medidas. Una jornada habitual se desarrollaba de la siguiente manera:

"Poco antes de las nueve de la noche todo el mundo se ocupa de los preparativos para la noche, armando un bullicio como no tienes idea. Trasladamos las sillas de un sitio a otro [...] Al otro lado se oye un ruido terrible. Es la cama de Margot, formada por tablas de madera [...] En la habitación de nuestros vecinos [la otra familia refugiada] se oye también un gran estrépito [...] Las diez. Se apagan las luces. Buenas noches. Durante un cuarto de hora se oyen los crujidos de las camas y de los resortes rotos, algunos suspiros, y después el silencio a no ser que los vecinos de arriba empiecen a pelearse". (16)

"Las siete menos cuarto. Rrrring... Suena el despertador, fiel a lo que se le ha mandado. A veces suena cuando quiere". (17)

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"Las doce y media. Los empleados del almacén se han ido a comer [...] La señora Van Daan [de la otra familia refugiada] pasa el aspirador por su única y por cierto bonita alfombra [...] La una. Nos reunimos alrededor de la radio para escuchar la B.B.C. Es el único momento de silencio entre los refugiados". (18)

"Ayer, lavándome la cabeza. armé un ruido de todos los diablos". (19)

Los refugiados no se privaban de la ejecución de trabajos de carpintería, que a priori hay que considerar como ruidosos:

Uno de los refugiados estaba "ocupado en un trabajo de carpintería, y no ha acudido al desván. Cada martillazo o cada chirrido que escuchaba, hacía caer un pedazo de mi valor". (21)

Las peleas conyugales y familiares alteraban con frecuencia la monótona existencia de los refugiados. Ana resume así una discusión familiar:

"gritos, denuestos, pataleos, en fin, una furia desatada. Fue horrible". (22)

"El señor y la señora Van Daan se han peleado de una manera inaudita. Nunca he visto cosa igual en mi casa, pues mis padres se guardarían mucho de hablarse gritando de aquel modo". (23)

Y también:

"en casa no se dan los escándalos que a veces se oyen en la de nuestros vecinos de arriba [la otra familia refugiada]" (24) y "hay una cosa a la que no me he acostumbrado: los gritos y palabras duras que me veo obligado a escuchar sin descomponerme". (25)

Sin embargo, los señores Frank no dejaban de representar escenas similares:

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"Ayer hubo otra pelotera. Mi madre informó a papá de todas las faltas que yo había cometido. Hizo una escena terrible". (26)

Pero también se producían escenas jocosas:

"la gente mayor se tronchaba de risa". (27)

Y escandalosas intervenciones dentales: la señora Van Daan, al ser intervenida en una muela, "emitía unos sonidos inverosímiles [...] Los demás espectadores nos tronchábamos de risa [...] La señora logró sacarse por fin el gancho, no sin hacer muchas contorsiones y lanzar gritos y llamadas pidiendo ayuda". (28)

El autor del diario pretende que, a pesar de todo este pandemónium, los refugiados consiguieron pasar desapercibidos en su escondite durante más de dos años.

9.1.3 Abastecimiento

Dada su existencia clandestina, los refugiados en el "anexo secreto" tuvieron que adquirir cartillas de racinamiento en el mercado negro. Los víveres eran aportados por unos cómplices holandeses. Los encerrados eran ocho y apenas consiguieron cuatro cartillas. (29)

La situación en cuanto al aprovisionamiento era pésima en Holanda:

Si esa era la situación de los holandeses que vivían en libertad, cabría esperar que los ocho refugiados -con una cartilla de racionamiento para dos personas- se encontrasen en una situación límite.

[128] Sin embargo, uno lee con sorpresa que disfrutaban de un régimen alimenticio más que llevadero, no exento de ciertos lujos:

En su cumpleaños, la señora Van Daan fue obsequiada con "alguna golosina" y "claveles rojos". (33) Los refugiados dispusieron también de "una buena cantidad de carne [comprada] en el mercado negro", (34) de café, coñac y té (35) y de uvas, grosellas, melocotones y melones. (36)

9.1.4 Cortinas

Con fecha de 11 de julio de 1942 el diario recoge esta anotación:

Sin embargo, el autor del diario no había reparado en que la instalación de cortinas -que por lo que se ve no eran precisamente discretas- en una vivienda hasta entonces deshabitada podía revelar la presencia de moradores clandestinos.

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9.1.5 Luz eléctrica

Varios pasajes del diario revelan que los refugiados utilizaban luz eléctrica en su "anexo secreto":

"el festín fue interrumpido por un cortocircuito producido en una de las lámparas" (38) y "Hemos gastado mucha más electricidad". (39)

Resulta inverosímil que ningún vecino ni la policía detectara la luz procedente de la vivienda de los refugiados durante más de dos años. Además, ¿quién pagaba el recibo de la luz?

9.1.6 Un comprador poco curioso

En la entrada del 27 de febrero de 1943 se puede leer:

En el año y medio siguiente, el nuevo propietario no mostró interés por conocer el resto del inmueble que había adquirido. Sin comentarios.

9.1.7 Vestuario

Cuando la familia Frank tuvo que trasladarse de su domicilio habitual a la vivienda clandestina surgió el problema de cómo transportar la ropa. El traslado debía hacerse con la máxima discreción, pues en "aquellas circunstancias ningún judío se hubiera atrevido a salir de su casa con una maleta". El problema se resolvió de la siguiente manera:

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Cabe suponer que varias personas vestidas con esa indumentaria habrían de llamar más la atención que si hubieran llevado maletas, sobre todo si se tiene en cuenta que el traslado se hizo en pleno verano, un 8 de julio.

9.1.8 Basura

La entrada del 18 de mayo de 1943 recoge el siguiente pasaje:

Mucho antes, en la entrada del 29 de octubre de 1942, se indicaba:

A tenor de lo indicado, si era preciso quemar la basura en la estufa y la estufa no se encendió hasta el 30 de octubre, ¿qué se hizo de la basura producida en los tres meses y tres semanas que median entre la llegada al escondite, el 9 de julio, y el 30 de octubre? Por otro lado, ¿cómo es que nadie detectó, durante cerca de dos años, la presencia de humo en la chimenea de una casa supuestamente deshabitada?

9.1.9 Un anacronismo

En un pasaje correspondiente a la entrada del 9 de octubre de 1942 se lee lo siguiente:

Hay indicios que hacen sospechar que al menos este pasaje fue escrito después de la guerra. Según el autor W. Laqueur, un reducido número de judíos holandeses se ocultaba para no ser deportado, pero "la mayoría se presentaba a pesar de todo en la estación de ferrocarril después de recibir instrucciones por correo. Esto conduce a la inevitable conclusión de que a pesar de todos los recelos sobre las deportaciones, la mayoría de los judíos holandeses o bien no había oído, o no quería oir, de los campos de la muerte". (45)

Es difícil admitir que un grupo de ocho judíos aislado y oculto tuviese mejor información que el resto de la comunidad judía holandesa, que se desenvolvía en relativa libertad. En definitiva, todos los datos indicados apuntan hacia la misma dirección: el denominado Diario de Ana Frank adolece de tal número de deficiencias que resulta imposible considerarlo como una fuente histórica fidedigna. La irregularidades en su confección, lo inapropiado del estilo y sintaxis para una niña de 13-14 años, las contradicciones, absurdos e inverosimilitudes que se desprenden de la vida en el interior del "anexo secreto", junto con la existencia de al menos un anacronismo, conducen a la conclusión de que nos encontramos ante un fraude histórico y literario. Al lector deseoso de tratar la cuestión con mayor detalle le remito a la magnífica monografía de Robert Faurisson, (46) donde se encuentran desarrollados en profundidad algunos de los puntos destacados aquí.

 

9.2 El ataque a Ditlieb Felderer

El revisionista sueco Ditlieb Felderer es autor de un estudio sobre el diario de Ana Frank. (47) Felderer, según Vidal, "publicó en 1978 un libelo repulsivo en el que calificaba al Diario de Ana Frank de 'la primera obra de pornografía infantil' y en el que se pretendía demostrar no sólo que el mismo era un fraude sino que además constituía una clara demostración de cómo los judíos, obsesionados con el sexo de una manera enfermiza, son asimismo la fuente de la que emana la basura pornográfica destinada a contaminar la mente de los niños. Da la sensación de que Felderer, editor de algunos materiales sobre el Holocausto de contenido rayano en lo pornográfico, estaba proyectando su propio yo sobre las páginas escritas por la niña, hija de Otto Frank". (48)

La lectura del libro de Felderer, en cambio, produce una impresión completamente distinta. Para empezar, Felderer intentó acceder a las fuentes originales. El autor sueco reproduce la correspondencia cruzada con Otto Frank, padre de Ana. En ella se puede ver cómo Felderer intentó entrar en contacto con los autores de los exámenes periciales efectuados para comprobar la autenticidad del diario y cómo pretendió acudir a Basilea (Suiza), lugar de residencia del Sr. Frank, para proceder a exámenes técnicos, fotográficos y químicos de los originales. (49) La respuesta de Frank fue una rotunda negativa y una áspera despedida: "no quiero tener más contacto con usted (I do not want to have further contact with you anymore)". (50)

En cuanto a las referencias de tipo sexual en la obra de Felderer, se limitan a apenas 10 páginas en una obra de 92 (capítulos "Sexo adolescente", págs. 10-11, "El complejo anal", págs. 61-63, y "Extravagancia sexual", págs. 64-68). Estas páginas tienen su razón de ser en los pasajes de contenido sexual del diario.

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Por lo demás, la obra de Felderer subraya las contradicciones e inverosimilitudes del texto del diario -similares a las señaladas en 9.1.1 a 9.1.8-, la existencia de más de un diario, las contradicciones sobre la localización del diario después de la guerra, las supresiones y adiciones del texto y la perplejidad que causa la utilización por una misma persona de tipos de escritura completamente diferentes. La obra de Felderer es, en suma, un trabajo correcto de acuerdo con la información de que se disponía en los años 70.

 

9.3 El peritaje

A raíz de los ataques llevados a cabo contra el diario, por fin, en 1980, una vez muerto Otto Frank, el Instituto Estatal Holandés de Documentación de Guerra decidió llevar a cabo un peritaje sobre la autenticidad del texto. La consecuencia ha sido la publicación de una edición crítica del diario junto con los resultados de los exámenes periciales sobre su autenticidad. Vidal resume estos resultados de la siguiente manera:

"Con respecto a los diarios, resultaba indiscutible que se debían a una sola persona que había escrito durante el período cronológico indicado en las mismas. La diferencia entre los dos tipos de letra obedecía simplemente a los cambios experimentados en el desarrollo normal de un niño y no permitía dudar en absoluto de que se debían a la misma mano". (51)

El peritaje técnico comprendía dos aspectos: la investigación técnica documental y el análisis caligráfico. La investigación técnica documental está dirigida a encontrar anacronismos. Se investiga si el papel, la cola, la fibra y la tinta utilizadas eran las empleadas habitualmente en la época en que supuestamente se redactó el diario. El análisis concluyó que todos los materiales empleados era utilizados habitualmente en el supuesto período de elaboración.

El dictamen caligráfico, basado en la comparación entre el texto del diario y el material de referencia aportado (cartas de Ana Frank escritas antes de que pasara a la clandestinidad), establece que lo

[134] escrito en el diario procede "con una probabilidad rayana en la seguridad" de Ana Frank.La conclusión de una análisis comparativo de manuscritos se expone siempre en grados de probabilidad y el grado indicado es el más alto de la escala. (52)

Cabría en principio admitir, a la vista de las conclusiones, que la autenticidad del diario quedaba más allá de toda duda razonable y que se había llegado, como pretende Vidal, al fin de la controversia. Sin embargo, examinemos los hechos más de cerca.

En primer lugar, la precisión de las comprobaciones en la investigación técnica documental es muy relativa, ya que, por ejemplo, se constató que la tinta contenía hierro, que era lo habitual hasta 1950, en que empezaron a utilizarse tintas sin o con muy poco contenido de hierro. Pero el resultado de esta prueba no excluye que el autor del diario lo hubiese escrito de 1946 a 1949, o después de 1950 con una tinta fabricada varios años antes. Lo mismo puede decirse de los restantes materiales empleados en la elaboración del documento.

Sabemos que Otto Frank volvió a Amsterdam de la deportación el 3 de junio de 1945. A finales de julio y comienzos de agosto de ese año supo el Sr. Frank del fallecimiento de sus hijas Margot y Ana, y precisamente entonces se le hizo entrega de los cuadernos y hojas sueltas donde estaba redactado el diario de su hija. (53) Por tanto, si el Sr. Frank, por sí solo o con otras personas, hubiese tenido la intención de realizar una superchería literaria en aquellas fechas, la investigación técnica documental no habría detectado ningún anacronismo.

En segundo lugar, en cuanto al peritaje caligráfico, es evidente que se aporta un dictamen que se manifiesta claramente en favor de la autenticidad del diario. No obstante, Robert Faurisson, que ha estudiado a fondo los escritos de Ana Frank, ha indicado que existían peritajes caligráficos anteriores solicitados por el Sr. Frank. Estos peritajes, sobre los que se basó siempre O. Frank para defender la

[135] autenticidad del diario, son declarados ahora sin valor. Además, después de la publicación de la edición crítica del diario, se han descubierto muestras de la escritura de Ana distintas de las peritadas. (54) Por último, solo desde un punto de vista dogmático puede afirmarse, como hace Vidal, que se trata de un veredicto inapelable. En la vida real no ocurre lo mismo. En el procedimiento judicial español, por ejemplo, la parte interesada puede proponer el nombramiento de hasta tres peritos calígrafos. (55)

En resumidas cuentas, el estudio técnico documental solo demuestra que el material empleado en la confección del diario fue fabricado antes de 1950. El peritaje caligráfico no es concluyente por sí mismo. Pero, en cualquier caso, lo esencial es que la edición crítica y los estudios técnicos soslayan las deficiencias sustanciales que padece el diario. Las contradicciones, anacronismos, absurdos e inverosimilitudes siguen ahora tan vigentes como antes de la publicación de los peritajes. Es por ello por lo que los revisionistas siguen manteniendo la opinión de que el diario de Ana Frank es una superchería.


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10 EL ATAQUE A THIES CHRISTOPHERSEN


Thies Christophersen, antiguo miembro de la SS, alcanzó notoriedad por haber publicado un sucinto texto sobre sus vivencias en el campo de Auschwitz en 1944. (56) Vidal intenta, en un breve apartado, refutar algunas de las manifestaciones contenidas en la memoria del antiguo miembro de la guarnición de Auschwitz:

"En La mentira de Auschwitz, un panfleto de quince páginas, se repetían una tras otra las afirmaciones más excesivas e increíbles del revisionismo:

'Las pérdidas [...] del pueblo judío durante la Segunda guerra mundial no importaron seis millones sino -de acuerdo con comprobaciones de la ONU, que no tiene motivos para defender especialmente a ningún pueblo- doscientos mil.

Los presos de Auschwitz recibían paquetes y 'raras veces algo no se entregaba [...] pero estas cosas continuaban siendo propiedad de los presos'.

'Me llamaba la atención lo bien que estaban vestidos nuestros presos [...] su ropa interior, medias y zapatos eran inobjetables y muy finos. Tampoco faltaba el cuidado de la belleza. Lápiz labial, polvo facial y colorete formaban parte de los utensilios de los presos femeninos. Judías rapadas no las había en la época mía en Auschwitz'.

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'No pasaron hambre los reclusos en Raisko. Y cuando un nuevo incorporado llegaba desnutrido y enflaquecido al Campo, ya al cabo de algunos días tenía la piel lisa'". (57)

Veamos ahora, punto por punto, si las afimaciones de Christophersen son tan excesivas e increíbles como pretende Vidal.

No existen "comprobaciones" de la ONU sobre las pérdidas del pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial. Christophersen está sin duda citando cifras que ha leído. Sin embargo, lo esencial en el testimonio de Christophersen no es lo que ha leído, sino lo que ha visto, por ser un testigo presencial y una fuente de primera mano.

La posibilidad de recibir paquetes por parte de los presos de Auschwitz es un hecho cierto. Los paquetes fueron autorizados por una circular de Himmler de 30 de diciembre de 1942. Tenían acceso a ellos todos los detenidos excepto los soviéticos y los judíos. En ciertos casos incluso los judíos pudieron recibirlos. Algunos recibían hasta dos paquetes por semana. Naturalmente, los paquetes eran abiertos por la censura del campo antes de la entrega. (58) La expresión de Christophersen de que "raras veces algo no se entregaba" merece ser matizada. P. Rassinier ha puesto de manifiesto cómo con frecuencia se producía el saqueo de los paquetes, pero no por la administración alemana, sino por un grupo de detenidos con la eventual complicidad de algún miembro de la SS del campo:

El mecanismo del pillaje -explica Rassinier- era sencillo: un comando de checos y rusos se encargaba de la descarga del vagón. Un detenido lanzaba un paquete a otro. Este lo dejaba caer. El contenido se desparramaba por el suelo y todos los presentes cogían algo. A veces, se compraba la complicidad de un SS. Rassinier relata

[139] cómo compró el favor de un detenido, jefe de bloque. Rassinier le ofreció un pedazo de tocino. El jefe de bloque tomó su número y le dijo que sus paquetes nunca más serían robados. A partir de entonces Rassinier recibió los paquetes casi intactos. (60)

En cuanto al atuendo y a la alimentación de los detenidos, Vidal omite decir que en el subcampo de Raisko (o Rajsko), donde trabajaba Christophersen, las condiciones, en general, eran mejores que las del campo central en Auschwitz. En este sentido, el profesor Marc Klein, que fue deportado en junio de 1944 y estuvo trabajando en Raisko, señala que el "comando 'Laboratorio Raisko' constituía ciertamente una de las zonas más envidiables y menos peligrosas de Auschwitz I. En el laboratorio, vestidos con una bata blanca, realizábamos los trabajos manuales de nuestra profesión". (61) Además, Christophersen relata cómo el vestuario que utilizaban los reclusos no era solo el modesto uniforme de detenido, ya que éste se enriquecía, en parte, con artículos obtenidos clandestinamente:

Estas mujeres obtenían las prendas de otros detenidos, que trabajaban en los depósitos del campo y "hurtaban como cuervos". (63)

Vidal añade que además "de este cuadro idílico, Christophersen señalaba que sólo había un crematorio en Auschwitz, que los presos disfrutaban de diversiones como 'películas', y un 'prostíbulo'; que existían también 'parejas de enamorados' y que en septiembre de 1944 una comisión de la Cruz Roja Internacional visitó Auschwitz". (64)

En efecto, así era. Lo manifestado por Christophersen es rigurosamente cierto. En Auschwitz se proyectaban películas a los detenidos, "no sólo los domingos por la tarde sino también algunos atardeceres de invierno, cuando la jornada de trabajo terminaba a las

[140] cinco". (65) También había un burdel, que fue instalado en el campo principal de Auschwitz (block 24). Se permitía una visita semanal a los detenidos. El precio por el "servicio" era de dos marcos. Los alemanes pretendían de esta manera estimular el trabajo de los reclusos. Los judíos y los prisioneros de guerra rusos tenían prohibida la entrada. (66) En cuanto a las "parejas de enamorados", a tenor de los relatos de algunos ex detenidos en Auschwitz, se produjeron allí intensísimos romances. (67)

Además, algunos testimonios revelan que los detenidos, dentro de las muy penosas condiciones que existían en el campo de Auschwitz, tenían derecho a ciertas expansiones. Así, el ya citado Marc Klein relata que los domingos y festivos no se trabajaba en la mayoría de los destacamentos. La tarde podía dedicarse "a lo que cada uno quisiera". Los partidos de fútbol, de baloncesto y de water-polo (en una piscina al aire libre) entre reclusos "atraían a una multitud de espectadores", si bien solo la minoría de presos "notables" podía dedicarse a estos ejercicios. La administración SS del campo había autorizado incluso representaciones de cabaret. También existía una biblioteca para todos los presos, aunque de hecho solo la utilizaban los "notables". En las navidades de 1944 los alemanes instalaron en el campo un árbol de Navidad "resplandeciente de lucecitas". (68)

Además, los campos de Auschwitz y su entorno destacaban por sus orquestas de detenidos. Surgieron en Auschwitz, Monowitz, Golleschau y Blechhammer. En Birkenau había dos: una masculina y otra femenina. Los campos que no podían formar una orquesta constituían al menos un coro, como Jawischowitz. (69)

Por último, es un hecho probado que un delegado del Comité Internacional de la Cruz Roja visitó el campo de Auschwitz en septiembre de 1944. El delegado del CICR se entrevistó con el comandante del campo y discutió la cuestión de los paquetes enviados por la Cruz

[141] Roja a los detenidos, incluyendo a los judíos. A este respecto el delegado se mostró optimista:

"La distribución de los envíos hechos por el Comité nos parece cierta. No tenemos pruebas, pero nuestra impresión es que el comandante dice la verdad cuando afirma que estas distribuciones se hacen regularmente y que todo robo está castigado severamente". (70)

Antes de llegar a Auschwitz, el delegado del CICR se había entrevistado con un responsable de un grupo de prisioneros de guerra británicos. Este estaba en contacto con otro grupo de prisioneros británicos que trabajaba en una mina en Auschwitz junto con detenidos civiles. Había rumores de que los alemanes empleaban una "sala de duchas" para gasear detenidos. El responsable británico intentó obtener confirmación del rumor, pero "fue imposible probar nada. Los detenidos mismos no han hablado". (71)

En el apéndice 5 se reproduce el texto publicado en su lengua original.

Por todo lo dicho, a pesar de la crítica de Vidal, el testimonio de Thies Christophersen puede seguir siendo considerado como una fuente de primera mano a tener en cuenta a la hora de reconstruir la historia de Auschwitz.

 

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11 EL "INFORME LEUCHTER"

 

11.1 ¿Qué es el "informe Leuchter"? La crítica de Vidal

Se trata de un peritaje efectuado por Fred A. Leuchter, especialista norteamericano en el diseño y fabricación de instrumentos de ejecución, sobre las supuestas cámaras de gas y los hornos crematorios de los antiguos campos de concentración alemanes de Auschwitz-Birkenau y Majdanek. Para llevar a cabo su informe, Leuchter visitó los restos de las supuestas cámaras de gas, de las que obtuvo muestras para analizar químicamente, y de los crematorios. Analizada y evaluada toda la información, Leuchter concluyó que "las supuestas cámaras de gas de los lugares inspeccionados no habrían sido entonces, o ahora, utilizados o considerados seriamente para funcionar como cámaras de gas de ejecución". (72)

Vidal dedica 17 páginas de su obra al informe del técnico norteamericano, aunque en realidad apenas emplea 3 en rebatir su contenido. Las 14 páginas restantes están dedicadas a reproducir la presentación del informe, a un bosquejo biográfico de Ernst Zündel (73) -para cuyo proceso se preparó el informe- y a la titulación académica y profesional de Leuchter. En definitiva, a cuestiones marginales. El procedimiento correcto habría sido el contrario: dedicar la mayor parte

[144] del espacio a desmontar la demostración de Leuchter y el resto a las cuestiones accesorias de índole personal. Además, Vidal reconoce que ha utilizado una versión española del informe y que esta versión "está plagada de errores tipográficos, gramaticales y de traducción", (74) amén de que, según reconoce, da "la impresión de que en la edición española falta alguna palabra del original". (75) A la vista de tantas anomalías, un investigador escrupuloso se habría procurado sin falta la edición original. Vidal, en cambio, no ha estimado que fuera necesario.

Veamos a continuación, desglosados en breves apartados, los argumentos utilizados por Vidal para rebatir el informe de Leuchter.

 

11.2 La titulación de Fred A. Leuchter

Leuchter compareció como testigo de la defensa en el proceso contra E. Zündel, celebrado en Toronto, Canadá, en 1988. Previamente, y en ausencia del jurado, Leuchter fue interrogado sobre sus conocimientos técnicos:

Es cierto que el juez determinó que si bien Leuchter podía testificar, su informe no sería tomado en cuenta. El juez declaró que Leuchter no era ni químico ni toxicólogo y que se había hecho a sí mismo ingeniero en un área muy limitada. También decidió que Leuchter no era perito en crematorios y desechó su testimonio al respecto. Solo se permitió a Leuchter testificar con relación a su propio

[145] trabajo, sus observaciones en los campos de concentración que visitó, la información que había recogido sobre las instalaciones de las que se presumía su uso como cámaras de gas y si estas instalaciones eran utilizables como cámaras de gas. (77)

Sin embargo, hay que hacer algunas matizaciones a la recusación del informe pericial de Leuchter. De entrada, la experiencia enseña que no hay que tener demasiada confianza en las decisiones judiciales en materia histórica. De lo contrario, habría que considerar probada, por ejemplo, la existencia del diablo en base a las sentencias de jueces -eclesiásticos y civiles- que certificaron su existencia en una larga serie de procesos de brujería. Pero además, si es que se trata de reconocimiento judicial, un ingeniero austriaco, Walter Lüftl, presidente de la Cámara de ingenieros austriacos (Bundes-Ingenieurkammer) ha escrito un informe sobre la viabilidad técnica y química de las cámaras de gas nazis en el que sostiene tesis idénticas a las de Leuchter. W. Lüftl es un perito reconocido por los tribunales austriacos. (78) En segundo lugar, es cierto que Leuchter no tenía titulación académica en ingeniería o en química, pero también es innegable que, de hecho, tenía sólidos conocimientos sobre la materia, lo que atestigua la demanda de sus servicios por parte de establecimientos penitenciarios donde se practica la pena capital. En efecto, si bien Leuchter tiene una formación original de letras, su evolución posterior hizo de él un especialista en proyectos eléctricos, ópticos, mecánicos, de navegación y topográficos, que incluían patentes en varios de estos campos. En los últimos veinte años ha sido consejero de varios estados sobre equipos de ejecución de criminales, incluyendo material para ejecución por medio de inyección letal, electrocución, gas y la horca. Diseñó una nueva cámara de gas para el estado de Missouri y diseñó y construyó la primera máquina de inyección letal para Nueva Jersey. Leuchter puede considerarse como el máximo especialista en Estados Unidos en equipos de ejecución, incluida la cámara de gas, lo que ha sido reconocido por medios de comunicación de máxima difusión. Por ejemplo, en el número de 2 de julio de 1990 del semanario "Insight", Leuchter era caracterizado como "el

[146] experto principal de la nación en la mecánica de ejecución". Su cualificación profesional fue reconocida también por la cadena de televisión ABC (programa "Prime Time Live", 10 de mayo de 1990) y el diario "New York Times" (13 de octubre de 1990). (79) A mayor abundamiento, también compareció en el proceso de Zündel como testigo de la defensa el alcaide de la penitenciaría de Jefferson City (Missouri), Bill M. Armontrout, que era el responsable de llevar a cabo las ejecuciones por medio de gas cianhídrico. Armontrout testificó que solo conocía un especialista en los Estados Unidos en el diseño, manejo y mantenimiento de cámaras de gas. Este especialista era Fred A. Leuchter. (80)

11.3 La capacidad de cremación

"Leuchter -escribe Vidal-, por ejemplo, afirma en su informe que los cinco crematorios de Auschwitz podían incinerar realmente a la semana 1.092 cuerpos humanos [...] Desde luego, no es eso lo que aparece en la documentación de los propios nazis. Así, en un informe de junio de 1943 realizado por el comandante de construcción de las SS en Auschwitz y citado en el proceso de Zündel, se afirma que los cinco crematorios poseían una capacidad de incineración de 4.756 cadáveres diarios, lo que significaba 33.292 a la semana, es decir, algo más de treinta veces la capacidad señalada por Leuchter". (81)

En realidad, Leuchter se había limitado a consultar la capacidad de cremación de los hornos modernos. Estos pueden incinerar un cadáver en 1,25 horas a una temperatura de 2.000º F y con aire impulsado del exterior. Teóricamente supone 19,2 cadáveres en un período de 24 horas. Pero las recomendaciones del fabricante, para una operatoria normal y un uso prolongado, recomiendan hasta tres cremaciones al día. Los hornos más antiguos, que funcionaban con coque o carbón -como los de Auschwitz-, alcanzaban una temperatura

[147] media menor (1.400º F), y su capacidad tenía que ser inferior a la de los hornos modernos. (82)

La estimación de Leuchter fue confirmada por la declaración de otro testigo de la defensa en el proceso de Zündel: Ivan Lagacé, especialista en cremación. Lagacé, que trabajaba como gerente en el crematorio de Bow Valley, en Calgary (Alberta, Canadá), fue autorizado a testificar como experto. A lo largo de su carrera, Lagacé había incinerado alrededor de 1.000 cadáveres de una gran variedad de tipos, desde muertos por accidente a personas fallecidas de enfermedades muy contagiosas. (83) Del testimonio de este experto se desprende que la cremación de seres humanos en un horno es un proceso complejo que no puede efectuarse a un ritmo "industrial", como pretende Vidal. En primer lugar, la cremación reduce los restos humanos a calcio, en partículas que son almacenadas en un espacio llamado "cámara de sedimentación (settling chamber)". Esta cámara se llena fácilmente y tiene que ser limpiada regularmente, al menos una vez al mes. (84)

En segundo lugar, tras la primera cremación del día, el operario del crematorio debe dejar enfriar la retorta durante un mínimo de una hora antes de iniciar la segunda cremación. Después de la segunda cremación se requiere un período de enfriamiento de al menos dos horas. De lo contrario, se resiente el material refractario y se acorta la vida del horno. Si no se observara el plazo de enfriamiento se perdería, además, el control de la temperatura, que excedería probablemente de los 2.200° F, con lo que el operario no podría abrir la retorta sin peligro para su integridad. (85)

Según Lagacé, el crematorio de Bow Valley, que es el de funcionamiento más rápido de América del Norte, precisa un mínimo de una hora y media, en condiciones óptimas, para incinerar el cuerpo de un adulto. Teniendo en cuenta las necesarias pausas de enfriamiento, pueden ser incinerados tres cadáveres al día en una jornada laboral de ocho horas. Para prolongar la vida del material refractario se aconseja no incinerar más de 50-60 cadáveres al mes. No hay

[148] manera de acelerar el proceso sin afectar al material refractario y hacer peligrar la vida del operario. (86)

Hay que tener en cuenta, además, según Lagacé, que el crematorio de Bow Valley funciona con un quemador de gas, con lo que para enfriar el horno basta con apagar el gas e introducir aire. En los hornos antiguos, en cambio, que funcionaban con coque o carbón, el proceso de enfriamiento era más lento, ya que, a menos que el carbón fuera retirado, seguía produciendo calor. (87)

Por último, Lagacé indicó que la afirmación de que los crematorios de Birkenau pudieran incinerar 4.400 cadáveres al día era "irracional (preposterous)", "más allá de la esfera de la realidad" y "ridícula". Estimaba que solo podrían haberse incinerado 184 cadáveres al día en Birkenau. Concluyó diciendo que aun en los actuales planes para catástrofes, que prevén una movilización masiva y el manejo de grandes números de restos humanos, sería "inimaginable" incinerar tales cifras. (88)

El autor italiano Carlo Mattogno, que ha realizado una investigación sobre el funcionamiento y capacidad de los hornos crematorios de Auschwitz-Birkenau, (89) ha observado que si bien la capacidad teórica de éstos es superior a la señalada por Lagacé, está sin embargo muy lejos de los 4.756 cadáveres diarios que recoge Vidal. Entre otros argumentos, Mattogno ha señalado que el presupuesto de consumo de carbón que se desprende de algunos documentos alemanes revela una cifra de cremaciones muy inferior a la indicada. (90)

Por otra parte, la duración del material refractario que recubría el interior de los hornos revela también la imposibilidad de incinerar un número de cadáveres tan elevado. La literatura técnica señala una duración media del material refractario de 2.000 cremaciones, llegándose hasta un máximo de 3.000. Eso significa que para incinerar el número de cadáveres señalado por Vidal habrían sido necesarias al menos cuatro sustituciones completas de la mampostería refractaria, lo que

[149] supondría, solo para los crematorios II y III de Birkenau, el empleo de 256 toneladas de material refractario y un tiempo de trabajo de 7.200 horas. Ahora bien, en la oficina de construcciones de Auschwitz, encargada de la construcción de los hornos y cuya documentación ha quedado intacta, no hay la menor huella de este trabajo. (91)

En definitiva, la capacidad de cremación indicada por Vidal es inconciliable tanto con la de los hornos crematorios actuales, como con la capacidad teórica de los hornos de Auschwitz. Aunque Vidal dice basarse en "la documentación de los propios nazis", en realidad solo ha podido hallar un documento (92) que establezca la capacidad de cremación por él señalada. Pero en cuanto que este documento no es compatible con otros que atestiguan un consumo de coque totalmente insuficiente para quemar esa cantidad de cadáveres y, sobre todo, menciona una capacidad que incluso los hornos contemporáneos no pueden atender ni remotamente, cabe pensar lícitamente que este documento fue creado después de la guerra ad usum Delphini.

 

11.4 Los análisis químicos. La ventilación de las cámaras de gas

Vidal articula lo esencial de su crítica a Leuchter en torno a los resultados de los análisis químicos de las muestras obtenidas por el experto americano en las supuestas cámaras de gas y a la ventilación de las mismas. De entrada, Vidal escribe:

[150]

Leuchter, durante su visita a Auschwitz, había tomado una muestra de control en una instalación de fumigación, donde se desinsectaba la ropa y enseres de los detenidos, y varias en los locales donde supuestamente existían cámaras de gas. En todos estos lugares se dice que se había usado Zyklon, en el primero como desinsectante y en las supuestas cámaras de gas como agente homicida. Según Leuchter, las condiciones en las áreas en las que las muestras fueron tomadas eran idénticas en lo que respecta a temperatura, oscuridad y humedad. (94)

Las muestras fueron sometidas a un análisis químico, que reveló que la muestra de control obtenida en la instalación de fumigación -donde se tiene la seguridad de que se empleó Zyklon- tenía 1.050 mg./kg. de cianuro. Las muestras obtenidas en las supuestas cámaras de gas, en cambio, mostraron o resultado nulo o apenas apreciable (la muestra más significativa contenía 7,9 mg./kg. de cianuro). (95) Los resultados del análisis de Leuchter fueron confirmados por un peritaje realizado por técnicos del Instituto de Peritajes Judiciales "Pr. Jan Sehn" de Cracovia (Polonia), solicitado por el Museo de Auschwitz. Los resultados de este peritaje detectaban en las muestras obtenidas en las supuestas cámaras de gas unos residuos de ácido cianhídrico todavía inferiores a los encontrados por Leuchter. (96)

Vidal pretende que los escasísimos vestigios de ácido cianhídrico encontrados en las supuestas cámaras de gas se deben a que éstas estuvieron expuestas a los elementos durante décadas y a que su suelo era "fregado regularmente por el personal del museo de Auschwitz". Sin embargo, el cianuro del ácido cianhídrico y el hierro contenido en los ladrillos forman un compuesto extremadamente estable: el ferrocianuro férrico. Este compuesto pasa por ser uno de los de peor solubilidad. Esta cualidad hace que sea empleado en la industria, por ejemplo para proteger las tuberías de acero contra las aguas residuales agresivas. La multinacional química alemana Degussa AG califica al ferrocianuro férrico simplemente como "insoluble (unlöslich)". (97) Un

[151] test de largo alcance de resistencia al ambiente del ferrocianuro férrico fue realizado en una localidad industrial cercana a Londres. Este compuesto y otros pigmentos fueron sometidos durante 21 años a las condiciones ambientales de una zona muy industrializada. Al final, el ferrocianuro férrico reveló solo modificaciones mínimas. (98)

En consecuencia, la práctica inexistencia de residuos de ácido cianhídrico en los locales donde supuestamente fueron gaseados cientos de miles de judíos es, a pesar de los reparos de Vidal, un indicio que apoya la tesis revisionista de que las cámaras de gas homicidas no existieron nunca.

Las afirmaciones de Leuchter no son lamentables. Son rigurosamente ciertas. Los locales donde supuestamente existían cámaras de gas carecían de sistemas de extracción del gas. En consecuencia, la ventilación habría durado muchas horas, tal vez días. Unicamente dos de las supuestas cámaras de gas, los depósitos de cadáveres (Leichenkeller) identificados con el número 1 en los crematorios II y III de Birkenau disponían de un sistema de ventilación para extraer el aire viciado por la descomposición de los cadáveres. El investigador italiano Carlo Mattogno ha demostrado que precisamente ese sistema de ventilación revela que nunca fueron empleados los depósitos de cadáveres como cámaras de gas. (100) Las restantes -y presuntas- cámaras de gas carecían de cualquier sistema de ventilación o extracción de aire.

[152]

La coloración citada corresponde a la reacción química, ya indicada, entre el cianuro del Zyklon y el hierro de los ladrillos, que formaba ferrocianuro férrico, compuesto de un vivo color azul. Leuchter había comprobado que mientras que en las paredes de las cámaras de fumigación existían numerosas manchas de ese color -prueba inequívoca de que se había utilizado ácido cianhídrico-, las supuestas cámaras de gas homicidas carecían del menor vestigio.

Si bien es cierto que, como dice Vidal, los insectos ofrecen mayor resistencia al gas que las personas y su erradicación exige una dosis mayor, también lo es que la dosis de Zyklon introducida en las supuestas cámaras de gas homicidas era de 12 g./m3,40 veces la dosis letal para el hombre. (102)

Además, en cuanto a la ventilación, la situación real era bien distinta de la señalada por Vidal. Cinco de las siete supuestas cámaras de gas de Auschwitz-Birkenau carecían de sistemas de ventilación, mientras que las instalaciones de fumigación disponían de dos extractores de aire cada una de ellas. (103)

Por lo tanto, al menos la supuesta cámara de gas del crematorio I de Auschwitz -que carecía de ventilación y que se encuentra en la actualidad perfectamente conservada- debería de tener manchas azules en las paredes al igual que en las cámaras de fumigación. La total inexistencia de huellas de este color es otro indicio que apunta decididamente en contra de la existencia de cámaras de gas homicidas.

Por último, Vidal se refiere al argumento de Leuchter "que niega la existencia de las cámaras de gas basándose en el supuesto peligro de intoxicación o explosión que afectaría a los miembros de las SS relacionados con las mismas. El razonamiento resulta tan especioso

[153] como insustancial. Si el personal del campo podía proceder a las tareas de desinfección sin que esto les hiciera correr riesgos de morir envenenados o víctimas de una explosión, con más razón podían desempeñar actividades de carácter homicida en las cámaras de gas, dado que en este caso las cantidades requeridas del mismo resultaban muy inferiores". (104)

Para empezar, ya se ha visto que las dosis empleadas en las acciones de exterminio con gas distaban mucho de ser pequeñas. En segundo lugar, Vidal equipara erróneamente las tareas de desinfección o fumigación con ácido cianhídrico con las de un gaseamiento homicida. En el gaseamiento homicida las cosas, supuestamente, se desarrollaban de la siguiente manera (la descripción corresponde a un bunker, o cámara de gas provisional, de Birkenau):

El relato corresponde a Rudolf Höss, antiguo comandante de Auschwitz, que tras su captura y antes de redactar sus "memorias", a las que pertenece el párrafo anterior, fue sometido al tratamiento descrito en el apartado 2.3.1. Destacaré que el local indicado por Höss carecía de sistema de ventilación. El lector tal vez se haya asombrado de la sencillez y brevedad del procedimiento relatado para asesinar de una vez a varios cientos de personas. Contrástese la versión de Höss con el procedimiento seguido en las fumigaciones con ácido cianhídrico que se describe a continuación.

En primer lugar, el Zyklon se distribuye uniformemente por el local a fumigar. El tiempo de exposición varía mucho y puede oscilar entre un mínimo de 2 horas y un máximo de 72. (106) Una vez transcurrido ese

[154] período de tiempo, se inicia la ventilación mediante la apertura de puertas y ventanas. Se debe proceder inmediatamente a la retirada de las latas y del material absorbente que contenía el ácido cianhídrico. Se recalca que es indispensable que no se deje ni una sola lata. (107)

Durante la ventilación, los operarios, provistos de máscaras antigás, deben trabajar de 10 a 15 minutos seguidos y hacer interrupciones de media hora como precaución contra el envenenamiento por la piel. (108) La ventilación debe durar "al menos 10 horas". (109) Una vez finalizada la ventilación, se deberá efectuar un test químico para asegurarse de que los locales son habitables. El test tiene que hacerse después de que el lugar fumigado haya sido cerrado durante al menos una hora después de la ventilación, de manera que las condiciones sean lo más parecidas posibles a las normales en la reocupación. (110)

El caso particular de un barco ratifica las severas medidas de seguridad que son necesarias en la fumigación con ácido cianhídrico. Aunque la fumigación se limite a las bodegas, no se permite a nadie permanecer a bordo o abordar el barco durante alrededor de dos horas después de la reapertura del último espacio fumigado. El acceso al puente o a la cubierta y a todos los lugares no sometidos a fumigación solo puede permitirse tras tests químicos que prueben que el gas no ha penetrado en las partes no fumigadas del barco. (111)

En definitiva, el procedimiento real utilizado en la fumigación con Zyklon no guarda ningún parecido con el procedimiento supuestamente seguido en las acciones de exterminio en masa por medio del mismo producto. La simple comparación es reveladora. La realización de una acción homicida en las condiciones expuestas por Höss habría sido totalmente inviable.


[155]

 

12 LAS DIEZ TESIS DE CESAR VIDAL

 

A modo de resumen, Vidal relaciona las que a su juicio "constituyen diez tesis avaladas documentalmente en relación con el Holocausto y el revisionismo". (112)

Examinemos a continuación cada una de estas tesis:

"1. Existió un plan nazi para exterminar a todos los judíos que se encontraran en territorio controlado por Alemania o por los aliados de ésta". (113)

Dado que Vidal no ha expuesto este plan a lo largo de su obra, cabe preguntar: ¿dónde está?, ¿cuándo y dónde se estableció? En tanto no se responda a estas cuestiones, cabe dudar legítimamente de su existencia.

"2. El plan de exterminio se originó en el propio Hitler que lo anunció al igual que lo hicieron otros dirigentes nazis". (114)

Vidal quiere decir que la orden para realizar el exterminio físico de todos los judíos de Europa partió del propio Hitler en persona. Veamos, por tanto, la controvertida cuestión de la orden de Hitler, sobre la que los historiadores exterminacionistas no acaban de ponerse de acuerdo.

Para empezar, Saul Friedländer indica que ningún "historiador cree hoy que tal orden haya sido dada por escrito". (115) Ni siquiera que se tratase de una orden en el sentido estricto de la palabra:

[156]

Otros historiadores, como Martin Broszat, niegan incluso la existencia misma de la orden:

Si la orden, o la "alusión", o las "acciones individuales", no quedaron plasmadas por escrito, queda por dilucidar al menos la cuestión de cuándo se produjo. En palabras del historiador Christopher Browning, no "hay archivos escritos sobre lo que se discutió entre Hitler, Himmler y Heydrich sobre la cuestión de la solución final, y ninguno de los tres ha sobrevivido para testimoniar después de la guerra. Es por lo que el historiador debe reconstruir él mismo el proceso de decisión en la cima extrapolando a partir de acontecimientos, de documentos y de testimonios exteriores". (118) Lo que ocurre es que la extrapolación "conduce inevitablemente a una gran variedad de conclusiones". (119)

El mismo Browning resume así la situación:

"Eberhard Jäckel sostiene que la idea de matar a los judíos se formó en el espíritu de Hitler hacia 1924. Poniendo el acento sobre las declaraciones amenazantes de Hitler a fines de los años treinta, Karl

[157]

Dietrich Bracher supone que la intención existía desde esta época. Andreas Hillgruber y Klaus Hildebrand afirman la primacía de los factores ideológicos, pero no proponen ninguna fecha precisa". (120)

Varios autores pretenden que el giro decisivo se produjo en 1941, aunque han sido incapaces de ponerse de acuerdo en una fecha precisa.

En pocas palabras: ni existe una orden escrita de Hitler, ni tuvo que ser necesariamente una orden -ya que pudo ser una "alusión clara"-, ni siquiera -según otros autores- partió la iniciativa de Hitler, ya que surgió por "acciones individuales". Además, los autores citados son incapaces de ponerse de acuerdo, cincuenta años después de la guerra, sobre el momento en que se tomó la decisión de aniquilar a los judíos. El desacuerdo de los autores exterminacionistas más prestigiosos está, por tanto, muy lejos de corroborar la afirmación dogmática de Vidal. La confusión de estos autores es, por otra parte, lógica desde el punto de vista revisionista: no han podido ponerse de acuerdo porque no hay nada en que basarse, y no hay nada en que basarse porque, simplemente, la orden de Hitler -o de cualquier otro jerarca nazi- nunca existió.

[158]

"3. Tanto Hitler como otros jerarcas nazis fueron informados del desarrollo del proceso de exterminio de judíos". (122)

Ya se ha expuesto en el capítulo 3 una réplica a las alegaciones de Vidal en el sentido de que Hitler conocía el desarrollo del exterminio. Veamos ahora el conocimiento que tenían de él los principales jerarcas del régimen nazi:

- Hermann Göring: el mariscal del Reich H. Göring era la segunda personalidad del régimen, por detrás solo de Hitler. Durante el proceso principal de Nuremberg, el fiscal suplente británico Sir David Maxwell-Fyfe, le preguntó:

"¿Sabía usted no obstante que existía una política que tendía al exterminio (Ausrottung) de los judíos?".

A lo que Göring respondió: "No, sobre la emigración de los judíos y no sobre su exterminio (Nein, auf die Auswanderung der Juden und nicht auf ihre Ausrottung)". (123)

A continuación Göring reconoció que se habían producido excesos en casos aislados.

Durante el proceso, mientras esperaba las sesiones en la cárcel, Göring mantuvo varias conversaciones con el profesor Gustave M. Gilbert, psicólogo de la prisión. En una ocasión, Gilbert le preguntó si había oído sobre las atrocidades que todo el mundo conocía. Göring respondió:

Otra vez, Gilbert le preguntó si consideraba correcta la política antijudía llevada a cabo en Alemania. Göring contestó:

[159]
Por los demás, Göring se reveló como un revisionista avant la lettre cuando, interrogado por un compañero de prisión si realmente creía que dos millones y medio de judíos habían sido exterminados en Auschwitz, contestó:

"No, por supuesto no. He pensado en ello, es técnicamente imposible". (126)

- Alfred Jodl. A. Jodl, que estuvo al frente de la sección de operaciones del Alto Estado Mayor, manifestó en el proceso principal de Nuremberg, donde comparecía como acusado:

"Puedo expresar aquí en pleno conocimiento de mi responsabilidad, que nunca he oído de un exterminio de judíos en ninguna alusión, en ninguna palabra, en ningún documento". (127)

- Hans Frank. H. Frank fue jefe del Gobierno General de Polonia (administración alemana sobre el antiguo territorio polaco). Era, por tanto, la máxima autoridad después de Hitler en el lugar donde, supuestamente, se practicó la mayor matanza de judíos. Preguntado por el fiscal en el proceso principal de Nuremberg sobre si tomó parte en el exterminio de judíos, contestó afirmativamente, pero matizando que lo hacía "bajo la impresión de estos cinco meses de vista del proceso y bajo la impresión de la declaración del testigo Höss". (128) Más adelante Frank dijo que había oído rumores, por lo que fue al campo de Belzec, donde Globocnik, jefe de policía de la zona, le informó únicamente que allí había judíos del Reich y de Francia que estaban siendo desplazados al este. También fue a Auschwitz, pero no pudo entrar porque había una epidemia. El 7 de febrero de 1944 fue recibido por Hitler, al que comentó los rumores. Hitler le dijo que algunos sediciosos (Aufständischen) eran ejecutados, pero no sabía nada más. También le dijo que hablara con Himmler. Frank respondió que Himmler había pronunciado un discurso en Cracovia, en el que dijo que los rumores sobre el exterminio de judíos eran falsos. Los judíos, en realidad, eran llevados al este. Hitler le comentó: "Entonces eso debe creer usted". Frank añadió en su deposición que conoció

[160] los primeros detalles del exterminio de judíos en 1944, por la prensa extranjera. (129)

- Walter Funk. W. Funk fue presidente del Reichsbank. Preguntado al acabar la guerra por el psicólogo Gilbert sobre las recientes revelaciones del exterminio de judíos, contestó: "¿Pero piensa usted que yo tenía la menor idea sobre las camionetas de gas (gas wagons) y tales horrores? Juro que oí de tales cosas por primera vez en Mondorf [campo de concentración aliado]". (130)

- Fritz Sauckel. F. Sauckel fue plenipotenciario general de la mano de obra. Interrogado en la prisión de Nuremberg por Gilbert sobre el exterminio de judíos, contestó: "¡Quiero decirle que no sé absolutamente nada de estas cosas, y no tengo absolutamente nada que ver con eso! Era justo lo contrario. Yo quería establecer las mejores condiciones posibles para los trabajadores extranjeros". (131)

- Hans Fritzsche. H. Fritzsche era funcionario del ministerio de Propaganda. Estaba a cargo dela radiodifusión. Según Gilbert, "Fritzsche intentaba explicar que la línea propagandística, tal como él la conocía, era meramente separar a los judíos". (132)

- Karl Dönitz. K. Dönitz fue comandante supremo de la armada (desde 1943) y canciller de Alemania desde la muerte de Hitler hasta su detención por los Aliados. Respondió así a la consabida pregunta de Gilbert sobre el exterminio de judíos:

"Tengo que decir que me enfurecía la idea de ser llevado al proceso, al principio, porque no sabía nada de estas atrocidades". (133)

Joachim von Ribbentrop. J. von Ribbentrop fue ministro de Asuntos Exteriores. Mientras estaba detenido en Nuremberg, durante su proceso, cometó a Gilbert:

[161]

En vista de los testimonios anteriores, y ante la ausencia de indicios en contra, está por demostrar que los principales dirigentes del régimen nazi que sobrevivieron a la guerra conocían que un masivo exterminio de judíos hubiese tenido lugar.

"4. El exterminio de los judíos se realizó, entre otros medios, a través de los maltratos, consunción, trabajos forzados, experimentos médicos, fusilamientos masivos, camionetas con gas y cámaras de gas". (135)

Nadie niega que la deportación de los judíos, su aislamiento en ghettos y campos de concentración y su utilización como mano de obra produjeron numerosas bajas. Las causas principales habrían sido la mala alimentación y, sobre todo, las epidemias. No es descartable que en casos aislados se produjeran malos tratos. Ahora bien, así como la política de exterminio de judíos está por demostrar, también lo están los métodos citados por Vidal. Ya se han tratado los argumentos de Vidal sobre los experimentos médicos (capítulo 4) y las cámaras de gas (capítulo 5). En cuanto a las "camionetas con gas", dos recientes obras de revisionistas demuestran que los testimonios y documentos que sustentan la creencia en estos instrumentos de aniquilamiento en masa no superan la crítica y no merecen credibilidad. (136)

"5. La inmensa mayoría de los judíos asesinados eran civiles inocentes en absoluto relacionados con tareas de espionaje o guerrilla". (137)

Que la mayor parte de los judíos muertos en Europa durante la Segunda Guerra Mundial eran civiles y que murieron a resultas de la política de deportación auspiciada por los alemanes no ofrece duda. Lo que está por acreditar es que las bajas entre los civiles judíos se produjeran con motivo de una política deliberada de exterminio.

[162]

"6. El número total de judíos asesinados por los nazis fue cercano a los seis millones de personas. De éstas aproximadamente un millón fueron niños". (138)

Ya se ha visto (capítulo 6) que la cifra de seis millones solo puede mantenerse si se desconocen los movimientos de la población judía antes, durante y después de la guerra. Defender, por ejemplo, que antes de la guerra había en Polonia cerca de tres millones de judíos y después de la guerra -oficialmente- apenas unas decenas de miles y que la diferencia había sido exterminada por los alemanes es una aproximación a la cuestión muy frívola. Siguiendo el mismo principio habría que concluir que los alemanes que vivían en 1939 al este de la línea Oder-Neisse fueron exterminados al acabar la guerra, pues si había varios millones antes de la guerra apenas quedan unos miles en la actualidad. O que los judíos de los países árabes fueron aniquilados en masa, ya que había varios cientos de miles en los años 40 y solo permanecen unos cientos en nuestros días.

Walter N. Sanning, autor de un minucioso estudio sobre los movimientos de población judía en el este de Europa en los años 30 y 40 ha estimado que no más de 3.500.000 judíos estuvieron bajo control de los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial y que el total de bajas judías durante ésta estaría alrededor de 1.250.000 -el 8% de la población judía mundial- y habría estado causada, en su mayor parte, por el impacto de la política soviética. (139)

"7. Lejos de recibir pagos por el número de víctimas del Holocausto, el Estado de Israel las obtuvo en función de los gastos de asentamiento de los supervivientes de la tragedia". (140)

Ya se vio (capítulo 7) que la afirmación de Vidal es una verdad a medias. Si bien Israel, como tal, percibió una fuerte indemnización de Alemania en concepto de gastos de asentamiento de los inmigrantes desplazados de sus países por la política antijudía alemana, también es cierto que Alemania pagó -y sigue pagando- astronómicas

[163] cantidades a víctimas o familiares de víctimas del Holocausto, muchas de las cuales residen en Israel.

"8. Por sus propias características, y aunque la historia de la humanidad no se encuentra desprovista de abundantes testimonios de barbarie y brutalidad, el Holocausto constituye un ejemplo excepcional de degradación y abyección sin parangón". (141)

Lo sería si se hubiere producido en los términos que Vidal pretende. Sin embargo, ya se ha visto cómo las alegaciones de éste en torno a las cámaras de gas, la política de exterminio, el número de bajas, etc. han quedado al final infundadas. Todos los indicios apuntan, en cambio, a que la deportación de los judíos fue una más entre las que tuvieron lugar durante y después de la Segunda Guerra Mundial. No se pretende negar la tragedia que se abatió sobre muchos miles de judíos que se vieron obligados a desplazarse de sus domicilios a ghettos y campos de concentración en condiciones muy precarias, sino reconducirla a sus justos términos.

El caso de la familia de Ana Frank y de la familia Van Pels, que compartió el escondite con la primera, puede ser muy ilustrativo sobre la falsificación que se ha producido con motivo de la deportación. Las dos familias estaban integradas por siete miembros: el Sr. y la Sra. Frank y sus hijas, Margot y Ana, el Sr. y la Sra. van Pels y su hijo Peter. A ellos se añadió una octava persona, que encontró refugio en el mismo escondite: el Sr. Pfeffer. El 3 de septiembre de 1944 fueron deportadas las ocho personas a Auschwitz, adonde llegaron en la noche del 5 al 6 de septiembre de 1944. Tras la correspondiente selección a la llegada, se dice que fue gaseado el Sr. van Pels, aunque no hay fuentes seguras sobre este hecho (el Sr. Frank afirma que van Pels fue gaseado unas semanas más tarde). El Sr. Pfeffer murió el 20 de diciembre de 1944 en el campo de concentración de Neuengamme, adonde había sido trasladado de Auschwitz probablemente el 29 de octubre de 1944. La madre de Ana, Edith Frank, murió en Auschwitz el 6 de enero de 1945, posiblemente a causa de una epidemia. La Sra. van Pels fue trasladada de Auschwitz a Bergen-Belsen el 24 de noviembre de 1944. De allí fue llevada el 6 de

[164] febrero de 1945 a Buchenwald y el 9 de abril de 1945 a Theresienstadt. Después desapareció. La Cruz Roja holandesa presume que murió entre el 9 de abril y el 8 de mayo de 1945 en Alemania o Checoslovaquia. El hijo de los van Pels, Peter, fue evacuado de Auschwitz el 16 de enero de 1945 y murió en Mauthausen el 5 de mayo de 1945. Ana y su hermana Margot fueron trasladadas, probablemente el 1 de noviembre de 1944, a Bergen-Belsen, donde fallecieron, se cree que de tifus, hacia finales de abril de 1945. Al parecer, Margot murió un par de días antes que Ana. Por último, Otto Frank, padre de Ana, fue liberado por los soviéticos en Auschwitz el 27 de enero de 1945 (142) . Fue el único superviviente.

Aquí tenemos un buen ejemplo del drama. Dos familias quedaron totalmente deshechas como consecuencia de la política de deportaciones y de la guerra. Ahora bien, no debe perderse de vista que las ocho personas deportadas fueron a parar a Auschwitz, un supuesto "campo de exterminio", y que solo una de ellas -según fuentes más que discutibles- fue asesinada en una cámara de gas. Los restantes murieron en diversos campos de concentración repartidos por toda Alemania, en los que reinaban unas condiciones sanitarias y de aprovisionamiento espantosas en los últimos meses de la guerra. Paradójicamente, el único superviviente permaneció todo el tiempo en Auschwitz. Los revisionistas pretenden, por analogía, que el caso de estas dos familias puede hacerse extensivo a miles de casos más y que no son necesarias ni órdenes de exterminio ni cámaras de gas para explicar la desaparición de una cantidad considerable -hasta ahora sin precisar- de judíos durante la Segunda Guerra Mundial.

"9. La literatura revisionista, carente de la mínima calidad científica, constituye fundamentalmente un instrumento de propaganda de ideologías antisemitas, neonazis y neofascistas, cuyas únicas bases reales son la ignorancia de la documentación histórica, la mala fe y el interés por abrir el camino del poder a estas cosmovisiones en concreto". (143)

La afirmación de Vidal hay que calificarla como mínimo de temeraria, ya que, como ha quedado de manifiesto (véase 1.1), solo conoce una fracción minúscula de la hoy copiosa literatura revisionista.

[165]

"10. La finalidad fundamental del revisionismo es borrar de las mentes el recuerdo del Holocausto -asociado de forma indeleble a los horrores del nazismo y, en menor medida, de otros regímenes fascistas- para así propiciar el alcance del poder político por parte de formaciones provistas de esta orientación ideológica". (144)

La sentencia de Vidal no es más que un juicio de intención. En realidad, la finalidad del revisionismo es, como la de todo verdadero historiador, reconstruir el pasado de la manera más fidedigna posible.



[167]


13 CONCLUSION

 

Creo que ha quedado patente a lo largo de estas páginas que Vidal ha cometido una serie de errores de fondo y metodológicos que invalidan por completo su obra. Para empezar, ya se puso de manifiesto que si Vidal pretendía analizar la literatura revisionista, la exigua muestra a la que ha tenido acceso condenaba al fracaso su trabajo desde un principio (véase 1.1). En segundo lugar, el libro de Vidal sorprende porque contiene un sinnúmero de infracciones de las pautas habitualmente seguidas en los trabajos académicos. La sorpresa es tanto mayor en cuanto que el autor es una persona que está en posesión del título de doctor y desempeña funciones docentes en la universidad. Vidal ha utilizado argumentos ad hominem (véase 1.4.1), ha traducido mal (véase 1.4.2), ha citado mal (véase 1.4.5), ha razonado mal (véase 1.4.4), ha plagiado (véase 1.4.7), ha comentado documentos que no ha visto (véase 1.4.3), ha convertido sus alegatos en diatribas (véase 1.3) y ha demostrado en algunos casos una ignorancia sorprendente (véase 1.4.3). Los errores están esparcidos por toda la obra, desde la portada (véase apéndice 6) hasta el índice analítico.

En cuanto al fondo de la cuestión, Vidal no consigue ni desmontar los argumentos revisionistas ni apuntalar el ya de por sí endeble andamiaje del exterminacionismo. Vidal adolece, además, de una falta total de originalidad. Se limita a repetir las razones expuestas desde hace largo tiempo por los exterminacionistas. Más aún, Vidal defiende posturas que están desde hace tiempo desechadas por la mayoría de los especialistas. Ya casi nadie defiende, por ejemplo, que la

[168] intención de aniquilar a los judíos se remonte al Mein Kampf de Hitler (véase 3.2). Desde esta perspectiva, podría decirse que Vidal ha adoptado una posición "fundamentalista" dentro del exterminacionismo.

Por otro lado, Vidal no reconoce los grandes logros del revisionismo, la revisión del Holocausto que se ha producido merced a la presión de los trabajos de los revisionistas, y ello a pesar de los escasísimos medios de que disponen y a la verdadera persecución -legal e ilegal- a la que son sometidos en varios países. Ejemplos de las conquistas revisionistas son la reducción en el número de víctimas de Auschwitz, que ha pasado en pocos años de estar computada en cuatro millones a una cantidad al menos cuatro veces inferior; el reconocimiento de la inexistencia de una verdadera orden de Hitler relativa al exterminio de judíos, que ha sido transformada en una simple alusión o un mero consentimiento tácito a "iniciativas particulares" (véase 12) y la creciente desconfianza hacia las declaraciones de testigos que hasta ahora se consideraban esenciales en la fundamentación del Holocausto, como Rudolf Höss (véase 2.3.1), Miklos Nyiszli (véase 2.3.2) y Kurt Gerstein (véase 2.3.3).

En definitiva, lo menos que se puede decir es que el resultado obtenido por César Vidal ha sido decepcionante. La revisión del Holocausto es, en última instancia, un trabajo de muy escasa entidad académica, formalmente defectuoso y sustancialmente insostenible.





APENDICE 4 LA EDICION CRITICA DEL DIARIO DE ANA FRANK. UN COMENTARIO DE ROBERT FAURISSON

[179]


APENDICE 6. UNA FOTOGRAFIA AEREA DE BIRKENAU

 

Vidal publica en la portada una fotografía del campo de Birkenau tomada el 25 de agosto de 1944 por la aviación norteamericana. La fotografía se reproduce en la pág. 181. Como se indica en la misma portada, la fotografía fue rotulada por la CIA en 1978. Esto quiere decir que los fotointérpretes que analizaron la fotografía en 1944 no detectaron las huellas del exterminio que encontraron los analistas de la CIA 34 años más tarde.

Pero abordemos la cuestión de los rótulos más detenidamente. Según John C. Ball, geólogo canadiense especialista en la búsqueda de yacimientos de minerales desde el aire y que ha realizado una investigación en el departamento de fotografía aérea de los Archivos Nacionales de los Estados Unidos en Alexandria (Virginia), la fotografía ha sido manipulada. Utilizando material óptico de precisión, Ball detectó varios retoques. Las manchas oscuras rotuladas como "prisoners" (prisioneros) y "group on way to gas chambers" (grupo en marcha a las cámaras de gas) han sido dibujadas. Si se examina la fotografía con una lente de gran aumento se observará que las manchas son en realidad una línea en zigzag, parecida a las puntadas que deja una máquina de coser. (145) Las cuatro manchas sobre la "gas chamber" (cámara de gas), rotuladas como "Zyklon-B vent" (abertura para

[180] Zyklon-B), parecen haber sido dibujadas, ya que no son sombras -su orientación es diferente a la sombra de la chimenea-, no tienen altura si se las observa a través de un visor estereoscópico y no aparecen en fotografías tomadas sobre el suelo en 1943. (146)

Por otra parte, las líneas que marcan el perímetro de los crematorios han sido también dibujadas, ya que no producen sombras. Se sabe que el perímetro de los crematorios estaba protegido por una línea de alambradas, que producirían una línea mucho más fina, apenas perceptible. Además, fotografías aéreas tomadas en mayo y junio de 1944 no muestran línea alguna. La puerta abierta ("gate") también ha sido dibujada. En realidad al perímetro del crematorio se entraba por una puerta de dos hojas de alambre de espino, lo que la habría hecho prácticamente imperceptible. (147)

Tras un meticuloso análisis, Ball ha hallado que 66 marcas o manchas fueron dibujadas en las fotografía. Ball considera que las marcas fueron dibujadas casi con seguridad en ampliaciones del negativo original. La ampliación fue fotografiada de nuevo y el negativo reinsertado en el rollo original. En 1979, la CIA, depositaria de los documentos, entregó copias de los rollos de negativos a los Archivos Nacionales para su consulta por el público. A Ball se le informó que las únicas personas que habían tenido acceso a las películas antes de que fueran exhibidas al público en 1979 fueron funcionarios de la CIA. (148) En fin, todos los indicios apuntan a que la fotografía que publica Vidal en la portada de su libro ha sido sometida a una manipulación fraudulenta


NOTAS

1 / Vidal, Cesar: LRH, pág. 97.

2 / Vidal, Cesar: LRH, pág. 98-99.

3 / Plaza y Janés, Barcelona 1985.

4 / DAF, págs. 66-67. Entrada del 7 de noviembre de 1942. Ana Frank tenía 13 años cuando redactó este pasaje.

5 / DAF, pág. 79. Entrada del 20 de noviembre de 1942.

6 / DAF, pág. 79. Entrada del 28 de noviembre de 1942.

7 / DAF, pág. 88. Entrada del 30 de enero de 1943.

8 / DAF, pág. 160. Entrada del 2 de enero de 1944.

9 / DAF, págs. 31-32. Entrada del 9 de julio de 1942.

10 / DAF, pág. 37. Entrada del 11 de julio de 1942.

11 / DAF, pág. 99. Entrada del 25 de marzo de 1943.

12 / DAF, pág. 75. Entrada del 19 de noviembre de 1942.

13 / DAF, pág. 37. Entrada del 11 de julio de 1942.

14 / Id.

15 / DAF, pág. 214. Entrada del 15 de marzo de 1944.

16 / DAF, págs. 123-124. Entrada del 4 de agosto de 1943.

17 / DAF, pág. 126. Entrada del 4 de agosto de 1943.

18 / DAF, pág. 127. Entrada del 5 de agosto de 1943.

19 / DAF, pág. 205. Entrada del 6 de marzo de 1944.

20 / DAF, pág. 194. Entrada del 23 de febrero de 1944.

21 / DAF, pág. 197. Entrada del 28 de febrero de 1944.

22 / DAF, pág. 142. Entrada del 29 de octubre de 1943.

23 / DAF, pág. 41. Entrada del 21 de agosto de 1942.

24 / DAF, pág. 48. Entrada del 27 de septiembre de 1942.

25 / DAF, pág. 51. Entrada del 28 de septiembre de 1942.

26 / DAF, pág. 57. Entrada del 3 de octubre de 1942.

27 / DAF, pág. 57. Entrada del 1 de octubre de 1942.

28 / DAF, págs. 82-83. Entrada del 10 de diciembre de 1942.

29 / DAF, pág. 85. Entrada del 22 de diciembre de 1942.

30 / DAF, pág. 87. Entrada del 13 de enero de 1943.

31 / DAF, pág. 68. Entrada del 9 de noviembre de 1942.

32 / DAF, pág. 143. Entrada del 29 de octubre de 1943.

33 / DAF, pág. 56. Entrada del 1 de octubre de 1942.

34 / DAF, pág. 81. Entrada del 10 de diciembre de 1942.

35 / DAF, págs. 72-73. Entrada del 17 de noviembre de 1942.

36 / DAF, pág. 119. Entrada del 23 de julio de 1943.

37 / DAF, págs. 36-37.

38 / DAF, pág. 62. Entrada del 20 de octubre de 1942.

39 / DAF, pág. 78. Entrada del 28 de noviembre de 1942.

40 / DAF, pág. 91.

41 / DAF, pág. 30.

42 / DAF, pág. 107.

43 / DAF, pág. 64.

44 / DAF, pág. 58.

45 / Laqueur, Walter: The Terrible Secret, pág. 150.

46 / Faurisson, Robert: Le journal d'Anne Frank est-il authentique?

47 / Felderer, Ditlieb: Anne Frank's Diary: a Hoax.

48 / Vidal, Cesar: LRH, pág. 102.

49 / Facsímil de la carta de Felderer en Felderer, Ditlieb: Anne Frank's Diary: a Hoax, pág. 39.

50 / Facsímil de la carta de O. Frank en Felderer, Ditlieb: Anne Frank's Diary: a Hoax, pág. 40.

51 / Vidal, Cesar: LRH, pág. 104.

52 / Hardy, H.J.J.: Zusammenfassung der Ergebnisse der vergleichenden Untersuchung der Handschriften und der urkundenteschnischen Untersuchung der Textdokumente, die als Tagebuch der Anne Frank bekannt sind, págs. 119-166.

53 / Van der Stroom, Gerrold: Die Tagebücher, "Het Achterhuis" und die Übersetzungen, pág. 71.

54 / Véase apéndice 4.

55 / Ley de Enjuiciamiento Civil, artículo 611.

56 / Christophersen, Thies: La mentira de Auschwitz.

57 / Vidal, Cesar: LRH, págs. 128-129.

58 / Langbein, Hermann: Hommes et femmes à Auschwitz, pág. 26.

59 / Rassinier, Paul: La mentira de Ulises, pág. 99.

60 / Id., pág. 101.

61 / Poliakov, Leon; y Wulf, Josef: El Tercer Reich y los judíos, pág. 223.

62 / Christophersen, Thies: La mentira de Auschwitz, pág. 21.

63 / Id., pág. 20.

64 / Vidal, Cesar: LRH, pág. 129.

65 / Testimonio de Marc Klein, en Poliakov, Leon; y Wulf, Josef: El Tercer Reich y los judíos, pág. 226.

66 / Czech, Danuta: Kalendarium der Ereignisse im Konzentrationslager Auschwitz-Birkenau 1939-1945, pág. 535.

67 / Véase, por ejemplo, Vrba, Rudolf; y Bestic, Alan: I Cannot Forgive, págs. 187-188.

68 / Poliakov, Leon; y Wulf, Josef: El Tercer Reich y los judíos, págs. 226-227.

69 / Langbein, Hermann: Hommes et femmes à Auschwitz, págs. 126-128.

70 / ACICR, pág. 91.

71 / ACICR, pág. 92.

72 / Leuchter, Fred A.: ERAEGC, apartado 19.000.

73 / Editor canadiense de origen alemán especializado en la publicación de títulos revisionistas.

74 / Vidal, Cesar: LRH, pág. 189. n. 234.

75 / Vidal, Cesar: LRH, pág. 189. n. 235.

76 / Vidal, Cesar: LRH, pág. 142.

77 / Did Six Million Really Die?, pág. 354.

78 / Lüftl, Walter: The Lüftl Report.

79 / Weber, Mark: Fred Leuchter: Courageous Defender of Historical Truth, págs. 425-426.

80 / Did Six Million Really Die?, págs. 351-352.

81 / Vidal, Cesar: LRH, pág. 145.

82 / Leuchter, Fred A.: ERAEGC, apartado 13.005.

83 / Did Six Million Really Die?, pág. 268.

84 / Id.

85 / Did Six Million Really Die?, pág. 269.

86 / Did Six Million Really Die?, págs. 268-269.

87 / Did Six Million Really Die?, pág. 269.

88 / Did Six Million Really Die?, pág. 270.

89 / Mattogno, Carlo: Auschwitz: fine di una leggenda, págs. 26-32.

90 / Id., págs. 27-28.

91 / Id., págs. 26-32.

92 / Carta del jefe de la oficina de construcciones de Auschwitz de 28 de junio de 1943. Reproducida en Pressac, Jean-Claude: Auschwitz: Technique and Operation of the Gas Chambers, pág. 247.

93 / Vidal, Cesar: LRH, pág. 146.

94 / Leuchter, Fred A.: ERAEGC, apartado 14.000.

95 / Leuchter, Fred A.: ERAEGC, apéndice I.

96 / Véase una traducción del original polaco, efectuada por un traductor jurado, en Marais, Pierre: La contre-expertise de Cracovie.

97 / Rudolf, Germar: GBNCGA, pág. 19.

98 / Id., pág. 22.

99 / Vidal, Cesar: LRH, pág. 145.

100 / Mattogno, Carlo: Fine di una leggenda, págs. 54-58.

101 / Vidal, Cesar: LRH, pág. 146.

102 / Pressac, Jean-Claude: Auschwitz: Technique and Operation of the Gas Chambers, pág. 53. Para los insectos más resistentes se usa una dosis de 24 g./m3, véase Zyklon for Pest Control, pág. 17.

103 / Pressac, Jean-Claude: Auschwitz: Technique and Operation of the Gas Chambers, pág. 53.

104 / Vidal, Cesar: LRH, pág. 147.

105 / Kommandant in Auschwitz, pág. 160.

106 / Zyklon for Pest Control, pág. 17.

107 / Zyklon for Pest Control, pág. 21.

108 / Zyklon for Pest Control, pág. 21.

109 / Zyklon for Pest Control, pág. 21.

110 / Zyklon for Pest Control, pág. 18.

111 / Zyklon for Pest Control, pág. 23.

112 / Vidal, Cesar: LRH, pág. 153.

113 / Id.

114 / Id.

115 / Friedländer, Saul: De l'antisémitisme à l'extermination, pág. 22.

116 / Id.

117 / Id., pág. 23.

118 / Browning, Christopher R.: La Décision concernant la solution finale, pág. 193.

119 Id.

120 Id., pág. 192.

121 / Id.

122 / Vidal, Cesar: LRH, pág. 153.

123 / PGH, tomo IX, pág. 683.

124 / Gilbert, G. M.: Nuremberg Diary, pág. 9.

125 / Id., pág. 124.

126 / Id., pág. 175.

127 / PGH, tomo XV, pág. 365.

128 / PGH, tomo XII, pág. 19.

129 / Id.

130 / Gilbert, G. M.: Nuremberg Diary, pág. 47.

131 / Id.

132 / Id., pág. 102.

133 / Id., pág. 103.

134 / Id., pág. 170.

135 / Vidal, Cesar: LRH, pág. 153.

136 / Marais, Pierre: Les Camions à gaz en question; Weckert, Ingrid: Die Gaswagen - Kritische Würdigung der Beweislage.

137 / Vidal, Cesar: LRH, pág. 153.

138 / Id.

139 / Sanning, Walter N.: The Dissolution of Eastern European Jewry, págs. 198-199.

140 / Vidal, Cesar: LRH, págs. 153-154.

141 / Id., págs. 154.

142 / Paape, Harry: Gefangenschaft und Deportation, págs. 56-61.

143 / Vidal, Cesar: LRH, pág. 154.

144 / Id.

145 / Ball, John C.: Air Photo Evidence, pág. 43.

146 / Id. pág. 45.

147 / Id. pág. 45.

148 / Id. pág. 47.


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