Hace dos semanas,
mientras viajaba por el norte de
España, llegué a la vieja
capital de Navarra. Pamplona
estaba celebrando los "San Fermines"
anuales [que
tanto entusiasmaban a Hemingway. Allí
descubrí yo los
toros, componente tan importante de
las fiestas...]
La corrida de
toros es una metáfora adaptada para el
combate estéril por los derechos
humanos en Palestina.
Las implantaciones judías en
medio de asentamientos
palestinos se asemejan a la muleta
roja. Estas
implantaciones nos molestan, además
de que arruinan
el esplendor bíblico de las
mesetas. Nos molestan por
su carácter cegadoramente injusto,
porque están
abiertas exclusivamente a los judíos,
y ningún goy puede
siquiera franquear sus límites;
Nos molestan porque son
la razón de existir de las carreteras
reservadas a los
judíos. Nos molestan porque
sus habitantes tienen una
conducta provocadora, hacen lo peor
para humillar a sus
vecinos no judíos. Nos molestan
porque sustituyen los
olivos con feos edificios prefabricados.
De modo que
embestimos contra ellos, mientras el
matador se aparta,
y la gente importante que está
en las gradas aplaude.
Esta vez, intentemos
encauzar la furia del toro, desviarlo
de la muleta molesta y turbadora. El
enfoque permanente
sobre las implantaciones es una manera
de distraer la
atención. En cualquier momento,
incluso en periódicos
judíos, como Ha'aretz o el New
york Times, uno puede
publicar una crítica de los
asentamientos ilegales, con tal
de que no pase de ahí; porque
hay un hombre detrás del
trapo colorado. Y están también
los que lo han mandado
a él a lidiar el toro. El matador
es el estado de Israel.
Ningún asentamiento podría
subsistir un solo día sin la
máquina de guerra israelí
detrás de él. Cuando los
habitantes nativos de Hebrón
están encerrados durante
meses en su casa, el toque de queda
lo impone el
ejército israelí, no
los cuatrocientos colonos judíos. Pero
hay un hombre, en las gradas de sombra,
que ha
apostado al matador. Israel no sería
capaz de cometer
estas atrocidades sin apoyo desde el
extranjero.
Maxim Rodinson,
destacado marxista francés y biógrafo
del Profeta, definió a Israel
como territorio colonial. Pero
toda colonia tiene una metrópoli,
la fuente del poder
exterior. La Argelia francesa estaba
sostenida y dirigida
por Francia. Los Estados unidos fueron
colonia, con
metrópoli en Inglaterra. ¿Cuál
es el poder externo que
sostiene a Israel? ¿Cuál
es su madre patria? No son los
Estados unidos, sino la constelación
de importantes
comunidades judías y primero
que todo, la comunidad
americano-judía.
Esta manda dinero
y organiza el apoyo mediático, y
orienta la política del estado
de Israel. Evidentemente se
trata de gentes que son mucho más
sanguinarias
incluso que el Likud de Sharon. El
difunto "rabino"
Kahane, nada llorado por nosotros,
fue posiblemente el
hombre más querido por los que
defienden a Israel en
América. Este fenómeno
de los judíos que se presentan
como "más israelíes
que los israelíes", bien descrito por
Uri Avneri, tiene múltiples
razones de ser. Me limitaré a
señalar solamente una de sus
causas. A sus posiciones
no llega ninguno de sus obuses. Están
sentados a la
sombra, y mandan al matador al redondel.
Los hombres que
mandan a las tropas israelíes a
reforzar el cerco de Hebrón
y otras comunidades
palestinas, viven cómodamente
en New York o Los
Ángeles, ven televisión
y presionan a los miembros del
Congreso para que respalden su carnicería.
Aquellos
que azuzan a otros a cometer crímenes
de guerra contra
los palestinos no sufren ningún
motivo de preocupación.
Tal vez sea hora de darles algunos.
Las guerras pueden
durar eternamente si sus
principales instigadores viven resguardados
y en paz.
Michael Calderón nos lo recordaba
la semana pasada :
"Los franceses, los americanos
y los afrikaners no
dieron fin a sus hazañas en
Argelia, Indochina, Namibia y
Angola a causa de un "cambio de
voluntad" colectivo.
Estas victorias fueron ganadas en dos
frentes : el de la
guerra concreta, de la que los pueblos
de Argelia,
Vietnam, Angola y Cuba pagaron el precio,
y el de la
presión internacional junto
con la protesta interna.
El segundo frente
de la guerra en Palestina debe abrirse
ya, y no nos será difícil
encontrar sobre quiénes
debemos hacer presión y a quienes
nos debemos
oponer. En mi opinión, hay que
dirigirse a los
usurpadores que dirigen las comunidades
judías
organizadas, Bronfman, Foxman, Sulzberger
y demás.
Son hombres peligrosos y poderosos
y comprendo muy
bien que los amigos de Palestina prefieran
buscarse un
adversario menos formidable, los colonos
de Hebrón,
por ejemplo. Desgraciadamente, también
es inútil
buscar una moneda extraviada bajo los
faroles, con el
pretexto de que es el único
lugar iluminado : hay que
buscarla ahí donde a uno se
le perdió, aunque no resulte
fácil.
Ya resulta urgente
e imprescindible enfrentar a los
individuos que dirigen la comunidad
judía
norteamericana. ¿Por qué
esto no se ha hecho todavía?
Uno siempre se encuentra con la voluntad
de
exonerarlos de su responsabilidad en
la tragedia que
viven los palestinos, explicándolo
todo por la "política
imperialista americana". Incluso
un gran amigo de
Palestina, como Noam Chomsky, en quien
admiro esta
creencia de tipo religiosa, es de la
misma opinión. En
una intervención pública
en el MIT, declaró recientemente
que la política proisraelí
de los Estados Unidos no era el
producto del grupo de presión
judío sino de los intereses
de las clases dirigentes americanas.
Quiero mucho a
Chomsky, pero más aún
amo la verdad: "amicus Plato,
magis amica veritas" y no puedo
estar de acuerdo con él.
Su opinión
la retoma mucha gente valiosa, todos
sinceros partidarios de los palestinos:
citan a menudo
The fateful triangle, obra clásica
de Chomsky, o dicen lo
mismo de otra manera, como el bueno
de Gabor Mate
que me escribió : "si bien
es cierto que los Bronfman y
sus camaradas no son los últimos
en engañar al gran
público, judío o no,
y en despistarlo, no tienen peso
relevante en los intereses que la política
americana sirve
verdaderamente. El estado americano
requiere
estratégicamente tener en el
Oriente Próximo un pittbull a
sus órdenes, provisto del arma
atómica, lo
suficientemente nervioso y agresivo
como para saltarles
a la garganta a los árabes en
el caso de que se haga
necesario pero también lo suficientemente
dependiente
para poderle acortar el dogal cuando
sea preciso. Como
decía un funcionario del ministerio
de asuntos
extranjeros americanos hace algunos
años, "Israel es un
portaviones insumergible en el Próximo
Oriente".
Estos argumentos
se derrumban como castillo de
naipes : los aviones americanos no
aterrizan en este
portaviones, ni siquiera en caso de
guerra porque tienen
bases en otros lugares : en Arabia
saudita, en Turquía,
etc. A Chipre se le llamaba antes el
"portaviones
insumergible", antes de que se
le abandonara del día a
la mañana. La obediencia del
pitbull, que le entregó
armas a China, es discutible, y en
cuanto a calificar a
Israel de sólido aliado, eso
queda por demostrar. Hay
dirigentes israelíes, en realidad,
que recomiendan una
alianza con Rusia y su comunidad judía
inmensamente
rica y poderosa, porque los Estados
Unidos tiran
demasiado del dogal.
Hay quienes explican
la política americana por los
"intereses petroleros". Pero
de hecho, no hay petróleo en
Palestina ni mucho tampoco en los países
vecinos. No
imagino que Israel pueda hacerle la
guerra a Arabia
saudita o a Irán en nombre de
las necesidades
americanas de petróleo, sin
que el Próximo Oriente
estalle.
La idea de que
Israel sería un representante o un policía
de terreno tampoco tiene cabida. No
veo qué interés
económico americano podría
sacar mayor beneficio de
una alianza con Israel más que
Turquía, por ejemplo.
Como escribía un analista palestino,
Turquía habría sido
una inversión mejor, en cuanto
potencia regional
"normal" capaz de respaldar
la política americana
costándole dos veces menos.
En tanto musulmán, ese
país podría pretender
de manera más legítima a la
dominación de los países
árabes "más débiles". Se
podría añadir que Turquía
fue la potencia tradicional en la
región hasta 1917, y que dispone
del ejército más
poderoso y más numeroso, a la
vez que totalmente
proamericano y prooccidental. Dicho
de otra manera, la
idea de que Israel pudiera ser el dócil
servidor engañado
del imperialismo americano no tiene
fundamento alguno.
Edward Herman,
co-autor con Chomsky de
Manufacturing Consent, está
de acuerdo con ese
análisis: "aquí
el grupo de presión judío es sumamente
importante [...] escribí algo
sobre el tema y recibí algunas
críticas por parte de gente
de izquierda que afirmaba que
su papel era mucho menos importante
que los intereses
estratégicos americanos en el
Próximo Oriente. Siempre
he pensado que el grupo de presión
judío era de una
importancia por lo menos comparable;
y felizmente para
este lobby, como mínimo, los
dos grupos de interés han
sido compatibles".
Para combatir
la dominación judía ilegítima, se podría
acudir a medios directos, originales,
y seguramente no
violentos. Los estudiantes de Berkeley,
portadores de la
tradición de 1968, han dado
un ejemplo : construyeron
dos puertas de entrada en la universidad:
una para los
judíos, otra para el resto,
para que los americanos
sientan en carne propia lo que significan
las carreteras
israelíes "reservadas a
los judíos". Se podrían verter
camiones de tierra en la senda que
lleva a casa de
Bronfman o Foxman. En tanto que buenos
judíos,
observan ciertamente la regla de Hillel
el mayor, y no le
hacen al prójimo lo que odian
que se les haga a ellos.
Como el bloqueo de las carreteras palestinas
no los
molesta, se puede pensar que les gustaría
ser tratados
de la misma manera. De la misma forma,
ya que están a
favor de las colonias ilegales, se
podrían instalar
voluntarios sobre sus tierras.
Me parece que
estas ocupaciones serían divertidas y
atraerían a muchos buenos americanos
de origen judío.
Después de todo, sus padres
lucharon contra la
dominación blanca en el Sur,
y ahora los hijos pueden
luchar contra la dominación
judía en Palestina, sin tener
que salir de la ciudad. En vez de ir
a manifestaciones
aburridas frente a cualquier oficina
aburrida de la
administración federal, en vez
de correr el riesgo de
encuentros peligrosos con soldados
israelíes en las
colinas de al-Khadr, las asociaciones
israelíes de
izquierda, como las llamadas "En
mi nombre no", o
"Rabinos para los derechos humanos"
podrían llevar el
combate a su verdadero adversario,
en sus queridísimos
Estados Unidos de América; podrían
unirse a los demás
militantes americanos, incluyendo a
los palestinos
exiliados.
Este experimento
respondería a la interrogación sobre la
influencia del lobby judío en
Estados Unidos y sobre los
acontecimientos de Palestina. Creo
que tendría mucho
impacto si se ejerciera una verdadera
presión sobre
Bronfman y sus riquísimos amigos
de las gradas de
sombra para que pongan fin a su beligerancia
antipalestina. Tal vez le darían
la señal al matador de que
devuelvan el toro a sus hembras en
vez de mandarlo al
matadero.
Esta lucha también
podría ayudar a los judíos
americanos comunes a levantarse contra
sus jefes
autoproclamados. ¿Por qué
razón deberían aceptar a
esos "dirigentes"? Pues bien,
en primer lugar, porque
Bronfman y sus socios les han robado
miles de millones
de dólares birlados a los bancos
suizos, en vez de
distribuir la plata a los sobrevivientes
del holocausto.
Pero esto será el tema de mi
próximo artículo
27 07 2001
Israel Shamir es un escritor,
traductor y periodista israelí que
vive en Jaffa. Sus artículos
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